EXPEDICIÓN YENDEGAIA-VICUÑA 1968

Fotografías y escritos de la expedición permanecían inéditos.  Este escrito forma parte del artículo: “Los orígenes de las comunicaciones terrestres en el sur de Tierra del Fuego. Revista Magallania 43 (2), 5-43” (2015).

Las conexiones terrestres en el sur de Tierra del Fuego (sección chilena) hacía 1968 entre el valle Lapataia y el seno Almirantazgo eran nulas o desconocidas, las personas que habían trabajado durante la primera mitad del siglo XX en esta zona en gran parte se habían retirado, lo que dificultó el traspaso de información y conocimiento más profundo adquirido tras años de recorrer el territorio (en especial los trabajadores del aserradero “Caleta María” 1942-1958). Entre el seno Almirantazgo y el lago Fagnano existían “picadas” o huellas que permitían una comunicación terrestre y que eran utilizadas por la empresa maderera de Lucio Genskowski Pietrogrande, las cuales como ya se ha visto habían sido abiertas por la compañía de Marcou décadas atrás. Entre el lago Fagnano, lago Deseado y el puesto “Marcou” aún existían algunas marcas de la expedición militar de 1948, que era utilizada por el baqueano Reinaldo Catalán Oporto luego de rehabilitarla y mantenerla operativa para el mejor arreo de sus animales y su propia movilización entre la estancia “Vicuña” y su rancho emplazado en la orilla sur del lago Fagnano próximo a la desembocadura del río Betbeder. La línea fronteriza internacional era, y siempre lo ha sido, incontrolable debido a su inaccesibilidad y desconocimiento de su fijación, sólo se conocía donde estaban los hitos fronterizos pero no lo que había entre ellos. La cuestión limítrofe (litigio del canal Beagle), entonces incierta de hecho, con Argentina hacía prever la necesidad de un conocimiento detallado de la zona fronteriza y sus alrededores.

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Expedición “Yendegaia-Vicuña 1968”. De izq. a der.: José Santana, José Gallardo, Eduardo Álvarez. Lugar Indeterminado. (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Origen y desarrollo

En el contexto expuesto se solicitó al personal de la tenencia Yendegaia a mediados de noviembre de 1967 realizar un patrullaje exploratorio que uniera la tenencia “Yendegaia” con el retén “La Vicuña”, ubicado en las inmediaciones de la estancia homónima, con el objetivo de encontrar un ruta terrestre entre ambas localidades. La responsabilidad de la expedición la asumió el teniente de carabineros Raúl Eduardo Álvarez Pinto, destinado desde la Tenencia Monte Aymond a la Tenencia Yendegaia el 1 de diciembre de 1967, quien designó como compañeros de ruta al cabo y práctico de auxilio José Adán Bascur Torres, y a los carabineros José Gregorio Santana Mancilla y José Germán Gallardo Gallardo.

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De izq. a der.: José Bascur, José Santana, José Gallardo. Lugar indeterminado (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Recepcionada la orden para la realización de la expedición, se iniciaron los preparativos con patrullajes al sector del lago Roca, de ello se dejó constancia en el Libro de Novedades de Población 1967-1971 de la Tenencia Yendegaia: Se realizó patrullaje por el sector fronterizo de Lapataia hasta el lago Roca. Desde ese lugar se recorrió totalmente el lado sur del lago y continuó hasta el puesto de Champa. Se procedió a juntar los potros salvajes del sector y hacerlos tomar dirección del Almirantazgo. A las 20 hrs del día 26 del actual se llegó hasta el puesto Las Latas donde se permaneció hasta las 8 hrs. Se traen 2 caballos para la Tenencia.

Total kilómetros recorridos 180. No existen caminos sino senderos de mala calidad. Dos veces debe bajarse al lago [Roca] y transitar con el agua que llega hasta la silla de montar. Turbas o pantanos en todo el lugar. Debe transitarse con personas que conozcan el sector.

A sido una experiencia más para el viaje a La Vicuña en perspectiva 

Yendegaia, 28 de diciembre de 1967

José Bascur Cabo de Carabineros / Edo. Álvarez Pinto Teniente de Carabineros

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En primer plano José Gallardo, al fondo se aprecia el cerro “Castillo” (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Los expedicionarios sabían que los desafíos del viaje comenzarían una vez dejado atrás el río Lapataia y se introdujeran en el valle del río Rojas o cañadón Parrillar. Hasta aquí la ruta era “accesible” y conocida por los carabineros debido a los patrullajes que realizaban con anterioridad y por el tránsito de los trabajadores de la estancia “Yendegaia”. La expedición remontó el río Rojas hasta el lago Löwenborg, desde aquí siguieron hacía el norte, ascendieron hacía una cumbre innominada y cruzaron la divisoria de aguas del lago Fagnano y Roca, seguramente por el mismo paso utilizado por Agostini y sus compañeros en 1913. Al descender llegaron a un valle innominado que confluye con el río Toledo, continuaron por éste hasta el río Betbeder, desde aquí traspasaron al valle del río Sáez y lo remontaron a través del paso “Luís Guillermo”, avanzaron hacía el oeste hasta alcanzar el valle del río Mascarello y descendieron cerca del extremo oriente de la cancha de aterrizaje de caleta María. Desde esta localidad y hasta “La Vicuña” ya existían huellas o “picadas” e incluso los policías encontraron las marcas dejadas por la expedición militar de 1948. Finalmente la expedición unió en siete días la tenencia Yendegaia con el retén “ La Vicuña” y su regreso, utilizando la misma ruta, fue realizado en tan solo cuatro días. Como recuerdo y testimonio de la expedición de 1968, aún permanece en las hojas del Libro de Población 1967-1971 el registro del retorno a Yendegaia del grupo expedicionario:

3 de febrero de 1968

De guardia carabinero Francisco Cárdenas

El día 11 de enero se salió de patrullaje montado con el fin de unir esta Tenencia con el reten La Vicuña.

Luego de llegar-Caleta María en el Seno Almirantazgo, fiscalizo río Azopardo y lago Fagnano se continúo hasta la vicuña llegando el día 17.

El lunes 29 se emprendió el regreso llegando hasta esta Tenencia a la hora anotada (14:00 hrs)

Francisco Cárdenas, Carabinero / Edo. Álvarez Pinto, Tte. de Carabinero

La ruta realizada entre el valle del río Rojas y caleta María fue la más interesante y decisiva de la expedición, en este trayecto, y según el relato del viaje, no se encontró indicio de huella y “picadas”, ni nada que les diera algún atisbo por donde debían continuar. Cabe lamentar el extravío del mapa preliminar que se utilizó durante la expedición, en él se detalló la ruta exacta realizada, siendo de suma importancia pues en el registro no se proporcionan datos precisos sobre el trayecto seguido.

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Caleta María, 1968. (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Los aporte de la expedición

Los aportes de la expedición pueden ser valorados por su contribución al conocimiento histórico y de las comunicaciones terrestres de la región austral de Tierra del Fuego. El reciente hallazgo del registro escrito de la expedición nos permitió conocer los detalles del viaje, hasta entonces desconocido, y valorarlo considerando las circunstancias y el contexto histórico, geopolítico y social en que se realizó. El informe da cuenta de un patrullaje de exploración policial donde lo que interesa no son observaciones de carácter científico sino más bien el registro de personas presentes en la ruta recorrida y todo aquello relacionado con la seguridad de la línea y zona fronteriza con Argentina, por ello están ausentes datos rigurosos como las alturas y pendientes de las montañas atravesadas, coordenadas geográficas, caudal de los ríos, temperatura, croquis, fotografías, especies animales avistadas etc. A pesar que el informe es breve (sólo cuatro páginas), es preciso y notable por la forma amena y sincera, con un estilo directo sin divagaciones, en que ilustra el recorrido y el panorama fueguino de aquel entonces referido a la conectividad terrestre, en este sentido el informe considera un subtitulo denominado “Estado del sendero” donde diariamente se anotaron observaciones de la ruta. Otro excelente aporte es la descripción que se hizo del único lugar habitado de la ruta explorada, Caleta María. Para ello el relato se detiene con el título “Antecedentes del sector” y proporciona antecedentes desconocidos en lo referido al número de habitantes que vivían y trabajaban en el aserradero que mantenía Lucio Genskowski P. El informe fue desarrollado por el teniente a cargo del patrullaje Raúl Eduardo Álvarez a partir de la transcripción de los datos anotados en su “libreta de patrullaje”.

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José Santana, posando frente a un ventisquero en las inmediaciones del paso Luís Guillermo. (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Si bien en el registro escrito no informa o menciona la existencia de fotografías que hallan registrado el viaje, fue muy acertado el hallazgo de diez imágenes inéditas conservadas en el álbum familiar del carabinero José Gallardo G. Un aporte excepcional, por lo novedoso, son las imágenes de Caleta María, donde se aprecia el galpón del aserradero, y del puesto “Marcou”.

Su huella en el territorio

El informe de la exploración termina con la manifestación de la necesidad de un camino que uniera Yendegaia con “La Vicuña”. Diez años más tarde, Hans Niemeyer F. condujo la expedición de 1978 que definió el trazado definitivo de la senda de penetración Vicuña-Yendegaia. Para esa fecha ya no quedaba ningún miembro de la expedición de 1968 en la Tenencia Yendegaia. Hans Niemeyer desconocía completamente lo realizado por la expedición policial; no obstante el baqueano Reinaldo Catalán, quien junto a Francisco Oyarzún guiaron a Niemeyer en su travesía, era uno de los pocos que tenía conocimiento de la expedición de los carabineros; Yo sabía por donde habían pasado los carabineros porque yo encontré restos de fogatas que ellos habían dejado […] ellos no pasaron por el paso de Las Lagunas, fueron a dar la vuelta por atrás, por el lago Lowenborg y después siguieron por un río que nace de arriba del paso de Las Lagunas, y ese río viene a caer al río “belbi” [Betbeder] y de ahí tomaron derecho y se dejaron caer a caleta María por allá por el río Mascarello. Al tener Catalán conocimiento del paso de los policías, no tuvo dudas de que era posible llegar a Yendegaia con caballos. Este conocimiento que portaba el baqueano confirmó la ruta que debía seguirse y para Hans Niemeyer este simple dato no pasó inadvertido y lo registró en su cuaderno de campo siendo quizás la primera referencia escrita sobre la expedición policial; Se alcanzó un punto donde se junta al río Betbeder un afluente que le cae por la ribera izquierda proveniente de un cañadón que se abre desde occidente y que nace en unos cerros altos. Según Catalán esta ruta habría seguido un grupo de carabineros para pasar de Yendegaia a Caleta María.

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Patrullaje policial en el lago Roca. (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Los recuerdos de un integrante

Por diversas razones suele omitirse en los registros de viajes acontecimientos que en su momento se cree que no tienen o tendrán trascendencia alguna o porque simplemente no son pertinentes y necesarios para el objetivo del proyecto. Así estos acontecimientos, detalles o anécdotas serán solo recuerdos personales que permanecerán en la memoria de sus protagonistas. El registro de la expedición “Yendegaia-Vicuña 1968” no estuvo ajeno a lo señalado y José Santana M., miembro de la expedición aún recuerda algunos sucesos acontecidos durante el viaje que complementan y aclaran algunas dudas del registro escrito:

La expedición no fue tan organizada, nosotros no teníamos conocimiento que alguien halla hecho esa ruta […] llevabamos una carta y marcábamos por donde supuestamente estábamos pasando […] también marcábamos por donde pasábamos para después regresar por ahí mismo y no andar perdido y andar buscando. Los caballos que llevamos nosotros eran, uno, el que llevaba yo, porque como yo era el más nuevo. Yo llevaba mi caballo que montaba y además llevaba el caballo que llevaba todas las provisiones y ese lo habíamos ido a buscar al lago Roca. Estaba a medio amansar no más, así que le mandamos toda la carga no más. […] yo era el que tenía que cuidar de los caballos, uno era el baqueano y el otro era el Práctico de Primeros Auxilio, y era con el que me llevaba más, y el teniente, bueno, había que ensillarle el caballo y todo el asunto, era el Jefe.

Recuerdo que subimos por el cañadón Parrillar y llegamos a un lago [Löwenborg] y estuvimos como medio día orillando su lado izquierdo [lado norte], […] nosotros ya en ese lago encontramos castores. No habíamos visto castores y nos pareció raro cuando encontramos en el agua unos palos blancos y tallados como en forma de lápiz, pero para no pecar en vano o por ignorancia nadie quiso decir nada hasta que José Gallardo nos dijo que eso lo hacían los castores y que habían sido traídos de la Argentina, después vimos las represas.

Yo era el más joven ese tiempo, pero el teniente también era joven y se nos desmayó dos veces, se nos desvaneció. Esto fue un día que subimos a una cumbre más o menos prolongada […] Empezamos en la mañana a subir y al medio día estábamos más o menos en la mitad de la cumbre del cerro pero con pura mata aparragada y entonces había que ir buscando por donde pasar con caballos a tiro y en eso se nos desmaya el teniente, se nos desvaneció, vimos que estaba blanco y se sentía mal […] paramos todos, descansamos un rato, prendimos fuego, tomamos una taza de café y partimos y como a la medía hora mi tío se desvanece de nuevo, era como el cuarto día, el teniente decía que se sentía mal […] ese fue el peor día de la ruta, con mata aparragada y con turba […] habían día que los caballos solo nos servían para llevar las cosas. La ruta era exigente, todos los días empezábamos nuestras actividades como a las seis de la mañana para aprovechar el máximo el día y hasta donde encontrábamos lugar seguro para acampar y eso era tipo seis, siete de la tarde […] se caminaba todo el día.

Cuando llegamos a caleta María ya no era problema porque había picada […] pero de caleta María para el sur no había nada camino de animales nada […] a un día de llegar a caleta María fue la primera manada de guanaco que encontramos y carneamos un guanaco y nos pusimos a cocinar […] en el cerro donde estaban los guanacos, le pusimos cerro “Guanaco” porque fue el primer piño de guanaco que encontramos después de varios días y como se nos había acabado la carne, lo único que llevabamos era café, no teníamos nada más ni pan, nada, y así hicimos nuestros anticuchos.

Cuando llegamos a caleta María con las piernas y paleta del guanaco, Germán Genskowski lo cambió por cordero asado para que nosotros siguiéramos nuestro camino […] El papá de Germán no estaba, porque lo había aplastado un tractor […] El muelle de caleta María aun estaba bueno, porque ahí cargaban madera.

Llegando al puesto “Marcou” nos encontramos con una patrulla de carabineros que había salido desde la Vicuña ha nuestro encuentro. Cuando el viaje terminó nos quedamos con Bascur como 15 días en la “Vicuña”, Gallardo con el teniente se vinieron a Punta Arenas a dar cuenta de la travesía […] Cuando regresamos a Yendegaia, de la Dirección General de Carabineros le ordenaron a [la Tenencia de] San Sebastián que el teniente que estaba allí vaya a dejarnos hasta caleta María y de ahí se devuelvan y ahí andaba el teniente Alcaino y el carabinero Montaña de Pampa Guanaco y otro carabinero que no recuerdo su apellido, fueron tres.

Cuando llegamos de regreso, la gente de [la estancia] Yendegaia estaban asombrado porque habíamos logrado algo que ellos no tenían conocimiento, […] para ellos fue asombroso que hubiésemos logrado cruzar […] no pensaban que nosotros íbamos a llegar a la Vicuña […] tuvimos felicitaciones y anotaciones positivas de la Dirección General de Carabineros […] yo tenía una foto que nos sacamos en la cumbre más alta, donde había un ventisquero, pero lamentablemente la perdí.

No se nada del teniente Álvarez, la última vez que lo vi fue en el año ¿88? ¿89?, nos encontramos en el hospital de Carabineros, de José Bascur supe tiempo atrás que estaba muy enfermo y estaba en Arica o Antofagasta, José Gallardo ya falleció.

José Gallardo, el carabinero baqueano

Si toda expedición tiene un líder, un hombre decisivo para el éxito del objetivo, la expedición “Yendegaia-Vicuña 1968” no fue la excepción, al respecto Santana recuerda; El carabinero José Germán Gallardo tenía experiencia en la zona, él era nuestro “carabinero baqueano”, él ubicaba por donde íbamos a pasar cuando no había una pasada evidente […] En una oportunidad José Gallardo se notaba agotado, cansado, porque él cuando no había una pasada salía a buscar y a recorrer, nos decía “quédense aquí yo voy a ver, si encuentro una pasada disparo una vez y uds. Avanzan”, entonces a veces no había pasada y se tenía que devolver y andaba el doble que nosotros y claro eso lo cansaba harto pero nunca se rindió […] del grupo él era la persona más experimentada en este tipo de travesía […] él participó en un arreo de caballos con el General de Carabineros Stange entre Tierra del Fuego y Aysén, él en la institución era muy conocido por ese viaje. Efectivamente y tal como nos informa José Santana, José Gallardo participó en dicho arreo de 1.800 km. en el cual se arrearon 550 caballos ariscos en escenarios y condiciones geográficas para nada fácil, a fines de 1958 y comienzos de 1959. Esta experiencia y otras más de Gallardo serían transcendentales para el éxito de la expedición “Yendegaia – Vicuña 1968”, Santana agrega; a diferencia del viaje entre Tierra del Fuego y Aysen que había realizado Gallardo, es que el nuestro no tenía ningún indicio de huella, había que buscar por donde andar y en ese sentido sin Gallardo no hubiésemos cometido nuestro objetivo, él era una persona con mucha experiencia en rutas difíciles y con los caballos, el era domador, era jinete. Cuando yo llegue a Yendegaia [Noviembre de 1967] Gallardo ya estaba allá y cuando me retire [enero de 1970] él se quedó.

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Tenencia Yendegaia hacía 1968. En el extremo derecho el práctico José Bascur (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Interesante son algunas de las impresiones que dejó el General Stange sobre Gallardo durante el “gran arreo” de 1958-1959, primero cuando en su relato presenta a sus compañeros de ruta; […] Dos de ellos, Gallardo y Muñoz, con algunos conocimientos de disciplina policial, pero con un gran bagaje de experiencia en faenas campestres, han sido contratados en Carabineros específicamente para el arreo, pues son expertos domadores. Y luego, en la ciudad de Natales, cuando Gallardo frente a la mirada de escépticos montó un caballo arisco para domarlo; […] Luego Gallardo también lució sus habilidades de jinete. Había nacido en el campo; se había criado junto a los caballos y ahora vestía de carabinero, ¡era quien representaba “nuestro arreo”!.

José Germán Gallardo Gallardo, nació en la localidad de Nercón en la isla de Chiloé el 28 de marzo 1930. Fue hijo de madre soltera, condición por la cual era, de cierto modo, discriminado en el ambiente familiar y social. Gran parte de su niñez se crió junto a su abuelo materno a quien ayudaba en las faenas de campo en especial en el arreo de vacunos. En 1944, a los 14 años de edad decidió viajar a Punta Arenas en busca de mejores condiciones laborales y expectativas de vida, logrando ingresar a trabajar en las estancias de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, emplazadas en la isla Grande. Empezó trabajando como peón, “caballerista”, limpiando establos, iniciando de esta forma su estrecha relación con los equinos. Con los años comenzó a domar y amansar caballos llegando con los años a instaurarse como un reconocido en el oficio. Realizó su servicio militar en el Regimiento Pudeto de Punta Arenas y al concluirlo retornó nuevamente a Tierra del Fuego para seguir trabajando en lo que sería su especialidad y virtud; la doma de caballos.

A los 26 años de edad Gallardo ingresó a Carabineros de Chile de una forma muy particular. Como se mencionó anteriormente, al finalizar 1958 el entonces teniente Rodolfo Stange debía cumplir la misión institucional de arrear 550 caballos desde Tierra del Fuego, específicamente desde Caleta Josefina, hasta Aysén. Un año se estuvo juntado los caballos de propiedad de Sociedad Explotadora Tierra del Fuego y entre los encargados de hacerlo estuvo Gallardo. La edad permitida para ingresar a Carabineros de Chile era de 25 años, pero a fines de 1958 Gallardo ya tenía los 26 años cumplidos. Desconocemos los motivos, pero Stange sabía de antemano que José Gallardo debía estar en el “gran arreo”, por su experiencia y el nombre que se había ganado como domador de caballos en la región, fuese como fuese lo quería de cualquier forma. Fue entonces por gestión del mismo Stange que a Gallardo se le convalidó su año de servicio militar como un año de servicio en la fuerzas armadas, rebajándose su edad en un año e ingresando de esta forma a la institución, la cual le daba la oportunidad de un potencial trabajo con un sueldo estable y mejor que lo ofrecido en las estancias. Cabe señalar que los domadores de caballos eran bien valorados, eso convirtió a Gallardo en una persona atrayente para carabineros, en un tiempo en que los patrullajes a caballos eran frecuentes.

Después del “gran arreo”, Gallardo inició su carrera policial en Tierra del Fuego, primero en Porvenir y luego por sus conocimientos territoriales fue destinado al retén “La Vicuña”. En 1961 contrajo matrimonio con Flor Velásquez Montiel y 1962 fue trasladado junto a su familia al entonces retén de Yendegaia.

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José Gallardo (en el extremo izquierdo) durante su servicio Militar en Punta Arenas (fotografía gentileza Washington Gallardo V.)

Desempeñándose en Yendegaia y durante sus patrullajes al sector del valle Lapataia uno de sus objetivos era capturar caballos salvajes para luego amansarlos, haciendo uso de su maestría, y enviarlos en algún barco de la Armada de Chile a la central de Carabineros en Punta Arenas. Siempre expuesto a algún accidente en las faenas de amanse y doma, su hijo Washington recuerda que su padre en la parte de atrás de su cabeza tenía marcada la parte de una herradura cuando en un incidente un caballo salvaje lo pisó con las patas delanteras en una faena de doma. Era un hombre cien porciento de campo, hacía lazos, curtía los cueros etc.

Al pasar los años Gallardo se fue afianzando en Yendegaia al punto que después de cumplir cinco años como carabinero renunció al ascenso de cabo, pese a que esto significaba un aumento del sueldo a su vez implicaba el traslado de unidad. A fines de 1969 su familia se radicó en Punta Arenas y en 1970 él fue trasladado inexplicablemente y sin apelación a Santiago pese a su especialidad de fronteras y límites en zonas rurales de la región de Magallanes. En Santiago permaneció hasta agosto de 1973 y gracias a la mediación de Stange, ante las autoridades, logró retornar a Magallanes siendo asignado inmediatamente a Yendegaia donde cumplió funciones hasta 1975. Luego fue destinado a la tenencia Teniente Merino (1975-1978), retenes de Morro Chico y Kon Aiken (1979-1981) y finalmente a la cuarta comisaría de Punta Arenas de la cual dependían todos los destacamentos de fronteras y límites de la región. A causa de un incendio ocurrido en sus dependencias, que significó su destrucción total, la Unidad de Fronteras y Límites fue trasladada a las oficinas de la primera comisaría de Punta Arenas, lugar donde José Gallardo permaneció hasta acogerse a retiro el 31 de diciembre de 1986. Por las condiciones en que José Gallardo ingresó a carabineros de Chile el grado máximo al que podía optar era el de sargento 1º, pero el entonces General de Carabineros Rodolfo Stange una vez más intercedió a favor de Gallardo y le creó la plaza a honores de mérito, en reconocimiento a su labor y aporte a la región y a la institución, de suboficial mayor a partir del 1 de diciembre 1986 por una vigencia de 31 días, por lo que Gallardo de forma excepcional jubiló con esta categoría optando a todos los beneficios que le otorgaba jubilar con tal grado. Este y otros gestos de Stange hacia Gallardo respondieron sin dudas a la amistad especial y al aprecio originado en el transcurso del “gran arreo”.

José Gallardo falleció el 6 de junio de 1993 en Punta Arenas a la edad de 63 años, siendo el primer integrante de la expedición “Yendegaia-Vicuña 1968” en fallecer, lo siguió su compañero José Bascur fallecido el 15 de febrero del 2009 en la ciudad de Arica, en el otro extremo de Yendegaia y de la Tierra del Fuego.

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Homenaje a José Gallardo en la revista Carabineros de Chile (1987).

Autor:

Samuel García Oteiza (1988) Arquitecto e investigador de Tierra del Fuego. Desde el 2014 es investigador asociado del Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes.

 

 

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