PERDERSE EN JAPÓN – PRIMERA PARADA JUDANAKA POR SOFÍA PRADO

Bueno como ya el cine nos enseñó, es fácil perderse en este país, sobre todo en las grandes ciudades donde abunda la gente, los autos, los subtes, las calles, las ofertas, las rebajas, las propuestas extrañas, bueno todo. Pero en este relato vamos a perdernos en la otra cara de Japón. Los pueblos de los Alpes Japoneses. 

Empecemos por Yudanaka.

Después de haber volado casi 30 horas, tomarnos tres trenes, pasar de pleno verano a pleno invierno, encontrarnos 12 horas adelantados de las que veníamos manejando en nuestro hogar, fue así que finalmente llegamos.

Yudanaka siempre va a quedar en nuestro recuerdo como la ciudad en la que pudimos decir, “bueno estamos en Japón, estamos del otro lado del mundo”. Y para quienes viajan desde América y sobre todo de América del sur es definitivamente una gran victoria.

Nos habían hablado del jet lag, del frío, pero todo quedo olvidado cuando desde las ventanillas de un viejo vagón (aunque nada es tan viejo en Japón), comenzamos a ver la ciudad a lo lejos cubierta de nieve. A pesar de estar muy cómodos recibiendo el calor de los asientos ya queríamos bajar. Desde el andén ya nos llamaban la atención los uniformados operarios que impecablemente manejaban cada parada del tren, y sí, con señas a la tradicional usanza antigua. Y si bien imagino que Japón tendría la tecnología para reemplazar el trabajo humano, esta gente le daba a la estación una idea de película allá por el mil novecientos que acentuaba aún más este viaje.

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Fotografía por Sofia Prado

Reservamos un ryokan, un hotel al estilo japonés, cerca de la estación que al parecer era bastante visitado por turistas. Los dueños son una dulce pareja asiática que hacían de este lugar un ambiente mucho más hogareño que hotelero. Íbamos hacer noche en el pueblo, pues la idea era al menos descansar y al otro día poder disfrutar del parque de los monos.

Tras largos intentos de comunicación conseguimos que comprenda que estábamos demasiado cansados para visitar aquella tarde el centro de macacos y que queríamos probar un desayuno japonés al día siguiente. Consideró una victoria al menos al que nos haya comprendido hacer el tour por la mañana pues aunque lo intentamos no accedió bajo ningún punto de vista a prepararnos el desayuno solicitado. Esto ya nos avecinaba la guerra idiomática que enfrentaríamos luego

Aprovechamos entonces para dar un vistazo a la ciudad antes que oscurezca, caminamos por las estrechas calles que atraviesan las pendientes en la cual está construido todo el pueblo hasta dar con un rio algo seco que fluye desde las montañas.

Yudanaka además es muy conocida por sus onsen, baños termales públicos donde tenías la posibilidad de mojar los pies a medida que paseabas encontrando en el camino, algunos techados donde mujeres en yukata se sumergían rápidamente para tomar un relajarte momento en el agua. Es un pueblo privilegiado ya que, toda la zona tiene actividad volcánica y los onsen abundan tanto privados como públicos en todas las épocas del año.

A las 17.30hs  nos sorprendió la noche ya cerrada. Caminamos por el pueblo hasta que sobre las calle unas lámparas colgadas cual guirnaldas se encendieron por todo el camino siendo las luces únicas en el pueblo. Fue algo increíble ya que parecía que caminaremos por un pueblo medieval. Y lo más alucinante era que estábamos solos, solos en un silencio montañoso que van a ver que nos acompaña en varios parajes del viaje.

Finalmente nos dio la bienvenida un viejo bar. En el interior de Japón las cantinas están tras una puerta corrediza de madera, o sea que eliges donde comer sin pispiar al menos su fachada. Al principio tuvimos miedo de estar entrando al lugar equivocado, pero pronto descubrimos que esas puerta siempre traen consigo buenos y típicos lugares, y así pasó con el restaurante Izakaya que nos esperaba con una porción de Udon y ramen bien calientes acompañado de una sapporo, para entonces hacer oficial la llegada al país nipones.

Bien temprano por la mañana, y con nuestro desayuno obligado por el dueño del hotel, nos fuimos en su camioneta hasta la entrada del parque Jigokudani.  Este día ya amanecía mucho más gélido y sobre la montaña nos esperaba un sendero cubierto de nieve blanca hasta dar con la zona donde habitan los monos. Como recomendación, visitar por la mañana puede ser más sorprendente de lo que se espera, pues pronto a lo lejos un géiser se alzaba entre nosotros a pura ebullición y eso fue una sorpresa fuera de itinerario. El olor azufre podía distinguirse entremezclado con otros aromas debido a la actividad volcánica del lugar, toda la zona está repleta de sorpresas que terminan por impactar cuando al fin das con la entrada del parque.

Increíblemente nos encontramos con familias de monos caminando entre los curiosos humanos, algunos macacos de cabeza roja peleando sobre la nieve y otros descansando del frío en aguas termales, es sin duda algo único o al menos para mí lo fue. Nunca había visto nada parecido, un grupo de monos descansando en agua hirviendo cual señor en un jacuzzi al aire libre rodeado de montañas. Nos quedamos algunas horas, y aunque para mi no fue suficiente, mi novio jura que pasaron al menos dos. Si llevas una cámara puedes pasarte el día recolectando postales, los monos tienen más expresiones de lo que imaginamos y allí, en plena libertad y rozando nuestros cuerpos puedes captar esa naturaleza viva de los animales. Ese es otro dato importante, los monos no están tras alguna reja o vidrio, circulan con libertad y pues de repente te puedes ver metido entre una riña de macacos o si eres muy distraído tal vez hasta pierdas alguna pertenecía en sus manos.

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Fotografía por Sofia Prado

 Aunque ya el lugar está bastante preparado para el turismo, es tal vez un paraje no muy conocido en Japón y un muy buen sitio para descubrir otras bellezas ocultas de este país que es considerado más por su tecnología que por sus paisajes. Sin duda si visitas Japón en invierno es un punto inamovible de tu viaje, pues los grados bajo cero, nieve congelada y el calor de las aguas volcánicas forman un escenario que no se suele encontrar sencillamente. Y una vez más me sorprendo de haberlo encontrado…

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