PINTANDO LOS BASUREROS DEL FIN DEL MUNDO

En este artículo Samuel Garcia Oteiza, colaborador en terreno, nos muestra que con intervenciones sencillas se pueden provocar grandes cambios en una comunidad.

En Puerto Williams (Isla Navarino) como en muchos otros lugares del país, los basureros son tambores de aceite de 200 litros. Como es de esperarse por ser tacho de basura de él no se espera nada, simplemente es un objeto para depositar los desperdicios que producimos los humanos.

Un día tome un spray (como en mis tiempos de adolescencia) y pinté el basurero de mi casa, el estilo era libre, puras rayas de colores verticales. Al siguiente día mi vecino me preguntó ¿quién pintó tu basurero? Y me pidió si podía pintar el suyo. Al siguiente día su vecino le preguntó ¿quién pintó tu basurero? y así se fueron pasando el dato por el pueblo.

Los diseños correspondieron a recuerdos de la infancia, los clásicos rombos en los chalecos de lanas, los múltiples colores en los volantines de papel y luego fueron apareciendo círculos de distintos tamaños, etc. De repente surgió la idea de incorporarle un stencil con la figura de una ave que frecuentemente puede avistarse en Puerto Williams; el Martín Pescador.

De a poco las calles fueron adquiriendo un poco más de color, los vecinos no se opusieron a que pintara sus basureros, al contrario se convirtieron en actores activos de la iniciativa, al punto que ellos mismo aportaban los spray. Para los vecinos la percepción de estos tachos cambió, ya no decían “el” basurero si no que se lo apropiaron con un “mi” basurero”.

Pasaron muchas anécdotas, como por ejemplo que un vecino que vivía en el barrio Naval quería pintar su tacho, pero no se podía porque todos los tachos allí tenían que ser negros y si rompía la norma se exponía a una multa. Otra señora se fue a conseguir un basurero para que se lo pintara y una vez pintado dijo “esto la guardo dentro de mi casa y lo usaré como mesa, quien sabe si esto algún día vale plata como obra de arte”. Incluso el encargado de medio ambiente de la municipalidad se entretenía arriba del camión de la basura contando cuantos basureros estaban pintados. Un vecino exagerado y melodramático proclamo ¡ahora Puerto Williams tiene identidad! Para los gringos se convirtieron en un atractivo turístico, más de alguno se detuvo a fotografiarlos.

Finalmente pinté alrededor de 30 basureros, ningún diseño se repitió. Lo más notable de esta experiencia es que la gente pudo ver que a veces las cosas a las que menos apreciamos (en este casi un simple tacho de basura viejo) puede reencantarnos con nuestro entorno y porque no, con la vida misma.

SIN INTERVENCIÓN

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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.

CON INTERVENCIÓN.

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Fotografía: Samuel García Oteiza.

 

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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.

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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.
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Fotografía: Samuel García Oteiza.

Samuel García Oteiza /Arquitecto /Investigador asociado al Centro de Estudios del Hombre Austral , Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes.